
Si Vedder no quiso empezar con Pearl Jam, yo si quiero hacer honor a mi yoyístico gravatar, además así escribo el primer post del Yoya ´n´ roll sobre un grupo ya extinto, no sin antes agradacer a Lenny, ese gran brivall, la oportunidad de bla, bla, bla.
Espero que haya quedado claro. Arrancamos.
Siempre en la oscuridad...
La imagen es un pequeño malditofuego que quedó embelesado delante de un radiocasete a la tierna edad de 14 años. Un locutor de altibaja voz y negro futuro presentaba el primer single de un grupo con influencias (por entonces) de U2 y de... Radio Futura ¡¡¡¡¡!!!!! Según decía el muy inútil. Las tristes notas iniciales de Héroe de Leyenda salieron de los altavoces para comenzar a invadir mis vísceras, y una vez que las primeras palabras salieron de la voz, aún poco trabajada en aquellos años y algo mediocre, de Bunbury, se incrustaron en algún rincón de mis intestinos, como un apéndice extraño y monstruoso, comiendo de los desechos de mi cuerpo, y allí se quedaron para siempre... “Siempre en la oscuridad, la voz no tiene sentido...”
El paraíso deviene en Infierno...
Quisiera no tener que decir aquello tan manido de que fueron admirados y odiados por partes iguales, pero escrito ha quedado. La cambiante personalidad de Bunbury y la pose chulesca del resto, no ayudó. En un inicio, los góticos que abrazaron su música con “El mar no cesa” renunciaron a ellos cuando la mass media los poseyó a raíz de “Entre dos tierras”, y éstos últimos renegaron cuando “El espíritu del vino” gustaba más a los heavys. Poseedores de un sonido característico y unas letras a menudo indescifrables, no acabaron de encontrar su sitio. Ninguneados en algún momento por la prensa patria, llegaron a ser ídolos de adolescentes con acento germánico, intentando querer conquistar, incluso, los oídos anglosajones.
Y en esas estaban cuándo la fuerte personalidad de los dos fundadores del grupo, Juan Valdivia y Enrique Bunbury, obligaron a que se cortara la baraja, llevaban años odiándose mutuamente y solo el contrato con la discográfica había logrado retrasar lo inevitable. Una simple rueda de prensa sirvió para dejar a los fans del grupo con cara de gilipollas y una montaña de años por delante para especular sobre las verdaderas causas de la disolución y posible regreso.
Lo demás, ya es leyenda. El que continuó más activo fue Enrique Bunbury, pero pronto se aficionó a la pandereta y la música mala, el resto, permaneció más en un segundo plano hasta que a finales del 2007 volvieron a reunirse en una gira en el que algunos decían era de reconciliación y otros de recaudación. Sea como fuere, se unieron los admiradores del grupo de siempre con los nuevos que habían adquirido con el paso de los años. Tras un breve anuncio de bienvenida, tan o más corto como el de despedida, la histeria plagó el intento de conseguir entradas, meses más tarde, sus cuatro conciertos en España se saldaban con más de ochenta mil espectadores por sesión.
Después, vuelta a la realidad, Enrique haciendo discos malos, el resto en un segundo plano, y sus seguidores masturbándose con especulaciones sobre otra posible vuelta (de tuerca).
Y sí, es cierto, en ningún momento os he dicho el nombre del grupo.

